¡Tilonorrinco!, ¡Espiritrompa!” grita un alumno a su profesor. Estas son las dos últimas palabras pronunciadas en la película La Lengua de la Mariposas, en una escena final que deja entrever la terrible represión franquista ejercida sobre la población, y en especial, sobre el cuerpo de docentes de la II República.

En la primera frase del preámbulo de la Ley de Educación (LOMCE) puede leerse “El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio”. Esto parece que VOX no lo comprende bien, pues la semana pasada, en Petrer, una responsable de ese partido amenazó a un profesor de Historia por haber dicho en clase que son un partido de extrema derecha -algo que es cierto-. Precisamente, la asignatura de Historia tiene entre sus objetivos que se conozca y valore críticamente las realidades del mundo contemporáneo o fomentar el espíritu crítico y los valores de convivencia cívica y democrática. Lo cual ampara, junto a la libertad de cátedra, que ese profesor haya intentado hacer reflexionar a su alumnado sobre procesos de actualidad política.

La Educación Pública siempre ha sido objeto de acoso por parte de los sectores conservadores de la sociedad, dado que el conocimiento científico pone en jaque las creencias, y no solo las religiosas, sino también las económicas y las políticas. Entender que la Educación Pública es un objetivo a batir solo tiene sentido si no se comprende su carácter esencial para la democracia, el avance científico y el progreso social. Solo quiénes ven este servicio público como un negocio y/o anhelan la vuelta al blanco y negro atentan contra los principios más elementales de la Educación. Al fin y al cabo, Moncho, el alumno de la película, fue capaz de retener esos conceptos académicos y pensar por sí mismo.